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Es tradicional que al mediodía de un viernes de finales de agosto, coincidiendo con el primer día de las fiestas patronales de la localidad, comience el desfile con el que culmina el trabajo de dos o tres meses de trabajo, las ilusiones y las noches de buena armonía que han reunido a una cuadrilla de amigos en trono al mismo objetivo: LA CARROZA. Espectaculares, alegres, participativas y efímeras, pasan las carrozas bajan por las Calles Plana Sancho, Mayor y por la Plaza de la Iglesia, hasta su posterior exposición en el pabellón polideportivo. La gente se apiña en las aceras y sale a los balcones, la fiesta está en la calle.

La construcción se carrozas es una manifestación de cultura popular no muy antigua en Mas de las Matas, apenas sesenta años; no obstante, debido a la evolución y notable auge que han experimentado a lo largo de los años y al merecido reconocimiento que tienen en la comarca, hoy podemos considerarlas plenamente integradas en nuestro folklore festivo.
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Majas Mayores 2011
Estos desfiles suponen la expresión más directa y espontánea del dinamismo popular que emana en cada generación de masinos. La carroza agrupa a los jóvenes ante un interés general de divertimento, en cuya elaboración se proyectan las alegrías y se ejercita la imaginación. El resultado de varios meses de trabajo es un escenario rodante donde sentirse protagonista, es una hora de permisividad, de ruptura rutinaria.

Dejando a un lado los antecedentes históricos de estas cabalgadas, que poseen componentes comunes en la mayor parte de los pueblos mediterráneos, podemos entenderlas como una traslación de las comparsas carnavalescas, pues, en Mas de las Matas, comenzaron a aparecer en la fiesta de San Antonio (17 de enero), tras la prohibición del carnaval en 1939.

Ya era tradición que, al caer la tarde del día 16 de enero, víspera de la gran fiesta, después de encender la hoguera que agrupaba al pueblo, saliese la cercavilla, compuesta por parejas de jóvenes con elegantes trajes sobre caballerías ataviadas con cubrecamas o mantones. Estas exhibiciones de jinetes se denominaban “grupas” y el pase volvía a repetirse a la mañana siguiente junto con el reparto del pan bendito. Estas grupas significaban una anticipación ostentosa del carnaval. Tras la guerra, sobre todo los jóvenes, ven frenados sus impulsos más primarios: disfrazarse y hacer ruido. Es por esa época cuando aparecen, junto con las parejas a caballo, los primeros carros con un grupo representando una mascarada humorística o simplemente luciendo un disfraz.

Al principio, reaparecieron actividades especialmente carnavalescas, como lanzar harina, inversión de sexos… El tirar harina es una tradición documentada en el siglo XVIII y era algo común en las carnestolendas de la época. Este hecho se trasladó a la cercavilla de San Antonio. La carroza se llamaba “de los hongaros”: consistía en un carro rodeado de un parapeto de hojas secas de maíz, en cuyo interior varios jóvenes disfrazados de gitanas echaban paja húmeda blanca, y quien se acercaba recibía un puñado de harina en la cara. Aunque las carrozas acabaron convirtiéndose en una muestra artística y distinguida, siempre perduraron las representaciones humorísticas que enlazarían con el carnaval.

El disfraz pasa de ser un medio a ser un fin. En 1964 se nombra la primera reina, con cuatro damas de honor, de las fiestas de San Antonio. Son las primeras autoridades festivas populares para las que se prepara una carroza elegante y digamos que, de esta manera, se oficializa y asegura el desfile. Las grupas van perdiendo importancia a medida que ganan espectacularidad los carros engalanados.

Por los años sesenta, debido al incipiente turismo interior, adquieren gran relevancia las fiestas mayores de agosto en detrimento de las de invierno. El mismo año de 1964 se elige a la reina y a las damas de honor de estas fiestas de verano y varias carrozas recorren las principales calles del pueblo. El verano lleva consigo una dinámica mayor, sobre todo al coincidir con las vacaciones estudiantiles, más espectaculares y vistosas que las de invierno. Por otra parte, realizar desfiles dos veces al año supone duplicar esfuerzos de fabricación, y duplicar reina y damas conlleva problemas de elección. Tanto es así que, a los pocos años, desaparece la cercavilla de San Antonio, quedando institucionalizado el desfile de carrozas el día 28 de agosto, festividad de San Agustín, fecha que se variará más tarde para hacer coincidir la fiesta mayor con el fin de semana.

El elemento decorativo más empleado es papel de seda, que, pegado sobre cartón con “pastetas” (harina y agua), cubre los laterales del carro. Al principio, con el papel se conseguían tres efectos decorativos: ondas, tiras y rizos. Además del papel, se utilizaban alfombras, tejidos bordados y elementos naturales, sobre todo hiedra y sabina. Con el tiempo, el pequeño carruaje fue sustituido por el tractor agrícola, con lo que se amplió el espacio escénico, a la vez que se utilizaron armazones de madera y hierro ganando en altura y en diseños atrevidos. Ya no se emplean elementos naturales ni tejidos, sólo papel. Al papel, ahora cortado en pequeños cuadrados, se le da forma de cucurucho; los cucuruchos se pegan apiñados en metros y metros de papel de embalar que proporcionan las fábricas textiles del pueblo, y así se van consiguiendo formas y dibujos a veces de gran perfección. La única alternativa al papel es la escayola, empleada para la construcción de grandes figuras.

Días y días de trabajo para apenas dos horas de recorrido; después, la carroza se destruye. como recompensa colectiva, uno de los premios que el jurado de la comisión de fiestas otorga a las carrozas, consiste en cierta cantidad de dinero, con el que se sufragan los gastos y se organiza un frugal ágape. A esto se une el reconocimiento popular.

Hoy la carroza tiende más a la teatralidad. Junto a los temas más variados, puramente de exhibición, siguen manteniéndose otros de contenido humorístico que, a veces, satirizan los asuntos más candentes del pueblo. En los últimos años han surgido, en estos desfiles, grupos de animación, acompañados de máscaras, disfraces o con una carroza de tracción humana; estos grupos, sin límite de edad, representan la manera más directa de llevar la fiesta a todos.